Los límites y la comunicación

Bon dia famílies!!

Iniciem les entrades al bloc de cafè pedagògic amb aquest article que ens van fer arribar en una formació:

 

LOS LÍMITES Y LA COMUNICACIÓN

Ordenarnos en el ejercicio invisible del amor, en el acompañar al otro en su camino de crecimiento personal

 

¿Qué vivencia tenemos de nuestra infancia?, ¿lo que “nos sucedía” era tomado en cuenta?, ¿qué necesitamos comprender de nosotros mismos?, ¿sentimos rabia o estamos en paz?

Se requiere un trabajo de introspección permanente. Sin transformación no habrá conexión con los hij@s. La salud emocional de los padres y madres es una necesidad básica para los hij@s.

¿Qué limitaciones afectivas tenemos los adultos que nos impiden relacionarnos con el alma al descubierto? Los niñ@s nos reclaman a gritos que abandonemos los disfraces y que nos hagamos cargo de construir los vínculos desde la realidad emocional de cada uno.

El tema de los límites no es la firmeza con que decimos no, sino que tiene que ver con nuestra capacidad de escucha, la franqueza con que nos dirigimos a nuestros hij@s, el reconocimiento de las propias necesidades, el respeto mutuo y la comunicación tanto verbal como no verbal.

Dedicación, presencia, disponibilidad. O alimentamos las relaciones afectivas con nuestros hij@s, o la vida cotidiana se convierte en un infierno de prohibiciones, con la tensión y el enfado como consecuencia.

El baño, las comidas, los finales de semana, son momentos ideales para el contacto. Para que funcione, tenemos que tener ganas de estar con ell@s, así se irán integrando al ritmo familiar sin que nos demos cuenta.

La estructura emocional y la mirada recibida les marcará para que en el futuro puedan ser ell@s mism@s. Las exigencias y presiones extremas les hacen perder la capacidad de saber qué quieren. Tan acostumbrados a responder al deseo del otro, se pierden de la propia búsqueda.

Una sociedad sana y madura se caracteriza por el agradecimiento hacia atrás y la confianza hacia adelante. Al revés no es saludable.

 

Posibles pautas a tener en cuenta

  • Los límites protegen, no asociarlos con coacción. Poner límites no es ser un tirano. Los límites deben basarse en las necesidades de los niñ@s.
  • Pensar primero en “SÍ”. El “NO” es innegociable, pero debemos utilizarlo como última instancia, no como primera, así no adquiere dimensiones de privar la totalidad del ser. Somos demasiado rápidos para negarles lo que sea, sin detenernos a pensar por qué necesitan lo que necesitan.
  • Los límites han de ser claros, concretos, aplicables, revisables, realistas y amorosos.
  • Establecer las normas en momentos de calma emocional, sin desbordarnos ni desbordarles.
  • Explicar el porqué.
  • Desaprobar la conducta, el comportamiento, no el niño/a ni sus sentimientos. Modificar lo que hacen, no lo que son ni lo que sienten.
  • Funciona redactar un contrato para un tema familiar que cueste. ¿Cómo lo podemos hacer? Negociar.
  • Compartir mucho para no llegar a situaciones donde nos hagamos daño.
  • Podemos rectificar.
  • Ternura y firmeza, es decir, autoridad amorosa, constructiva.
  • Confiar en los hij@s.
  • Hablar menos, más claro, menos alto, desde el corazón y expresar más.

 

 

Para educar a los demás primero has de hacer tú algo muy duro, has de enderezarte a ti mismo. Buda

Los niños tienen más necesidad de modelso que de críticos. Caroline Coats

 

 

 

Las 7 actividades que tus hijos deben hacer fuera del colegio.

Bon dia!

Avui us proposem la lectura d’aquest article de l’Estefanía Esteban, el qual fa referència a 7 activitats extraescolars que ella anomena bàsiques, molt més barates i més enriquidores.

Què en penseu?

Les teniu presents a casa?

A més a més, aquest article te n’enllaça a d’altres que giren al voltant d’aquest tema. Esperem que us agradi i us faci reflexionar!

 

La rutina…

Podríem definir rutina com un costum o un hàbit que s’adquireix al repetir una mateixa tasca o activitat moltes vegades. La rutina implica una pràctica que, amb el temps, es desenvolupa de manera quasi automàtica i sense necessitat d’implicar raonament (Font: definicion.de)

De ben segur que tots i totes tenim una rutina però, ens hi hem parat a pensar mai? Ens agrada la nostra rutina? Considerem que a la vida sempre necessitem una rutina? Ens sentim plens al dia a dia?

Aquest mes us proposem aquest petit curt per a que hi reflexionem! (Si no sentiu el so, cliqueu amb el botó dreta  sobre la imatge i premeu Desbloqueja).

 

 

La educación prohibida

La-Educacion-Prohibida

Ara que ja tenim de nou la web, aprofitem per a recuperar també, un documental sobre la història de l’educació. És un vídeo de dues hores llargues que podem aprofitar per mirar aquest pont de 3 dies!

Us el recomanem per a entendre millor el paper de l’escola i també qüestionar-nos-el!

El podeu veure clicant aquest enllaç: https://www.youtube.com/watch?v=-1Y9OqSJKCc

No sé per què us dic això

Avui us tornem a proposar la lectura d’un article de Carles Capdevila que va sortir publicat a la web del diari ARA el passat dissabte 15 d’abril de 2017.

Esperem que us agradi!

NO SÉ PER QUÈ US DIC AIXÒ

 

M’AGRADA MÉS LA GENT que busca solucions que la que crea problemes. Sembla una obvietat, però sovint el problematitzador es disfressa de persona sensata, que preveu més escenaris, que és més tàctic, més previsor. I no és que el que busca solucions sigui un inconscient, perquè qui busca com resoldre una situació és que ja sap que allò no serà fàcil.

M’agrada més qui pensa com repartir mèrits que qui s’entreté a buscar culpables. Com que la gelosia és un dels motors de la humanitat, amb les seves parts d’estímul i de bloqueig, en projectes conjunts és habitual que tots acabem pensant que tenim una mica més de mèrit que l’altre, o una mica menys de culpa que l’altre. Però si penses com repartir les claus de l’èxit és que hi creus, i tot creient-hi el fas més possible. En canvi, si perds massa temps rumiant com encolomar-li la responsabilitat a l’altre estàs assumint de forma massa evident que la cosa no acabarà bé. I si tu, que segons tu no ets el culpable, ja et desanimes, allò difícilment portarà enlloc.

Res descol·loca i intimida més a qui posa bastons a les rodes que la teva convicció. Que un somriure sincer i uns ulls brillants indiquin que saps on vas i que hi aniràs. Les aventures engrescadores tenen líders capaços d’aconseguir aquest efecte encomanadís. És inevitable de tant en tant exhibir dubtes i punts de desacord, que fins i tot relaxen i despisten el rival, però no se’n pot abusar. La clau, crec, és dedicar el temps, el talent i les energies a tirar endavant, mirant pel retrovisor només quan és imprescindible, i per prudència, no per por.

La confiança compromet més que la desconfiança. Si a algú li vas dient que no te’n refies, ni l’animes ni l’empenys, en el fons ja cures la ferida de la decepció abans d’hora. Confiar cansa i desgasta menys, i en segons quins punts d’un trajecte compartit, és l’única opció.

Com eduquem la gestió de la frustració?

Avui us proposem la lectura d’un article escrit per la Llicenciada en Psicologia Olga Carmona al diari “El País”. Ens parla sobre la frustració i com els educadors podem actuar per a que aquesta formi part de la vida dels nostres nens i nenes i sigui gestionada per a bé. Què n’opineu?

 

Lo que le puede pasar a tu hijo de mayor si no aprende a gestionar la frustración

 

Los niños que no toleran las desilusiones pueden convertirse en adultos “emocionalmente discapacitados”. Así puedes evitarlo

 
OLGA CARMONA

De forma muy genérica, cuando hablamos de tolerancia a la frustración estamos definiendo la amarga sensación de impotencia, rabia y tristeza por no conseguir aquello que deseábamos. La frustración es una emoción percibida como negativa cuando no se llega a cumplir un proyecto, una ilusión, un deseo.

Los niños, especialmente los más pequeños, tienen conductas que son consideradas por los adultos como egoístas o egocéntricas. Y, efectivamente, así es, sin embargo, es necesario quitarle a esa forma de comportarse la connotación social o el juicio peyorativo que nosotros ponemos. Este forma parte del desarrollo normal del ser humano que va alcanzando progresivamente mayores niveles de madurez neurológica, tanto a nivel motriz como intelectual o cognitivo. Entre los tres y los seis años, los niños se consideran el centro del mundo, los demás no existen. A esta edad la capacidad empática es aún un proceso muy precario e indefinido y no es hasta los seis años cuando se inicia la etapa de la empatía cognoscitiva o la capacidad de ver las cosas desde la perspectiva del otro, que alcanzará su madurez definitiva en torno a los 10-12 años con la empatía abstracta o social.

Saber esto ayuda a entender la razón por la cual los niños pequeños se comportan de forma narcisista. Ahora bien, de la misma forma que nacemos programados para el lenguaje, pero necesitamos del entorno para producirlo, también necesitamos aprender a ser empáticos y a tolerar la frustración con ayuda de los demás. Con especial protagonismo de los padres que son los referentes fundamentales en edades tempranas.

En este sentido, resulta frecuente ver cómo hay una polarización en la forma de gestionar esta habilidad en los niños. Todos conocemos padres que opinan que a los niños se les debe evitar cualquier frustración, pues ya la vida se encargará de “hacerles sufrir”. También están los del lado opuesto que tienden a frustrar de forma intencional al niño en la creencia de que eso “confiere carácter” y así aprenderán a enfrentar la vida que es muy dura.

Es decir, infraprotección frente a sobreprotección.

En ese continuo habitamos la mayoría de padres, más cerca de uno u otro polo, dependiendo de la situación, del carácter del niño, de la forma en que fuimos educados, de nuestro estado de ánimo en ese momento, cansancio, etc. Es decir, sin una línea consistente de actuación en algo tan básico como es ayudar a nuestros hijos a manejar una de las habilidades emocionales más predictoras de éxito o de fracaso vital.

Algunos de los comportamientos típicos de niños que no han aprendido a gestionar la frustración son:

  • Agresividad: reaccionan de forma agresiva o con rabietas cuando sienten frustración.
  • Abandono de la tarea, no persisten.
  • Impaciencia e impulsividad.
  • Búsqueda de refuerzo o gratificación inmediata.
  • Demandan de forma exigente.
  • Pensamiento polar o radical, poca flexibilidad.
  • Intolerancia al error o al fracaso.
  • Dificultad para adaptarse a los cambios.
  • Ansiedad.
  • Inseguridad.

La vida frustra. Por ello es imprescindible tolerar la frustración y eso se aprende. Hay niños con tendencias de personalidad que estarán más predispuestos y otros más resistentes, pero esta es una aptitud, una habilidad que como tantas otras necesita modelaje y herramientas para ser incorporada.

No ser capaces de tolerar la frustración nos convertirá en adultos emocionalmente discapacitados, ineptos vitales. La vida va a traer frustraciones sí o sí, no siempre nos va a dar aquello que deseábamos incluso esforzándonos mucho. Esto es una realidad y no preparar a nuestros hijos para ello es debilitarles, es dejarles sin recursos de afrontamiento.

Y no se trata de forzar artificialmente las situaciones que producen frustración, ya que eso es innecesario, contraproducente y, en mi opinión, también algo sádico. Pero tampoco debemos evitarlas ni mucho menos, compensarlas. Se trata de aprovechar las frustraciones cotidianas, inherentes al hecho de vivir, como preciosas oportunidades de aprendizaje que, sin ellas, no podríamos hacer.

Nuestro papel como padres y educadores debe ser el del acompañamiento emocional en momentos donde la frustración aparece y duele, reconociendo y validando la emoción primero y ayudando a generar soluciones alternativas después. Pero debe ser el propio niño quien, sintiéndose comprendido y contenido, sea capaz de generar una solución alternativa. No debemos compensar nosotros lo que falló ya que evitaremos al niño la posibilidad de trabajar aptitudes esenciales como la paciencia, la aceptación, la solución de problemas, la demora del refuerzo y la creatividad.

Algunas ideas para ayudar a nuestros hijos a gestionar la frustración:

  • Deja que haga aquello que puede hacer, aunque lo haga despacio y mal. Aunque se equivoque o no lo haga de la forma en que tú lo harías. Con ello estás capacitándole para vivir el error como algo positivo que nos indica cómo no hacer las cosas (luego es un camino, un faro) y estás desarrollando en él la percepción de logro y competencia personal, ambas pilares de una autoestima sólida y resistente a los reveses.
  • No compenses el error haciéndolo tú. Deja que lo vuelva a intentar e invítale a encontrar por sí mismo nuevas rutas para resolverlo. Permanece a su lado, tu papel es ofrecer contención y seguridad para que él encuentre su forma de hacer las cosas.
  • Sé referente. Los niños aprenden, sobre todo, por modelaje y nosotros somos los modelos a través de los cuales filtran la realidad y aprenden a estar en el mundo. Si tú vives el error como algo negativo, si abandonas la tarea cuando te frustras, si vives un revés cotidiano de forma agresiva, estás siendo incoherente con lo que pretendes transmitir. Revisa tu forma de afrontar el fracaso, la frustración y el error. Para educar hay que reeducarse.
  • No dejes que se enfrente a aquello para lo que aún no está listo. Hay situaciones que requieren la intervención de un adulto.
  • Ayúdale a canalizar la frustración de forma constructiva: es necesario que aprenda a identificarla, nombrarla y después encontrar una manera de desactivar la agresividad que pueda generar: sencillas técnicas de respiración diafragmática, el ejercicio físico intenso (correr, saltar, gritar…).
  • No minimices ni anules el llanto. Llorar es una respuesta necesaria, positiva y posterior a la agresividad que genera la frustración, por tanto, es un paso previo para neutralizar la impotencia y sentirnos más preparados para el aprendizaje posterior.
  • Sé empático de verdad. Escucha sus razones y trata de que hable sobre todo de emociones, de cómo se siente. Hablar de ello, es el principio de la aceptación y, por tanto, de empezar a encontrar sus propias maneras de resolverlo. Contar un suceso parecido que te ocurrió a ti cuando eras pequeño, suele ser percibido por el niño como que estás entendiendo realmente su situación dado que la viviste y en ese saberse comprendido hay un enorme camino recorrido.
  • La persistencia en la tarea no tiene que ser seguida ni insistente. Si el niño está intentando algo que no consigue y se frustra, puede ser bueno cambiar de actividad y volver a ello más tarde, cuando el ánimo haya cambiado. Negócialo con él previamente.
  • Dale la ayuda justa y cuando la pida. Es importante que aprendan también a pedir ayuda cuando sientan que la necesitan, pero no des más de lo que es necesario, dale solo aquello que le permita seguir por sí mismo. Los padres tendemos a hacerlo por ellos en la creencia de que les estamos ayudando, pero es una ayuda cortoplacista y que parchea una situación concreta en lugar de generar recursos adaptativos de personalidad a largo plazo.

En definitiva, no te preocupes demasiado por cuánto puedes hacer por tus hijos, sino por cuánto pueden hacer por sí mismos y cuánta solidez vital han construido, gracias a cómo fueron educados.

No mientas a mi hija

Avui us presentem un petit article escrit per Patricia Almedia a la pàgina web: www.conunpardealas.com, tituat: PERDONA, PERO NO MIENTAS A MI HIJA. A veure què en penseu!

 

mentir hija

 

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Cómo que no le va a doler? Es una inyección, las inyecciones duelen. Si lo primero que le dices es una mentira, ¿cómo va a confiar más en ti? No sólo estás dañando tu imagen, ¿cómo va a confiar en el resto de pediatras y enfermeras? ¿Sabes qué duele más que un pinchazo? La traición de una mentira.

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Te vas a poner a llorar de verdad si no te da un beso? Es su cuerpo, es su afecto, ella decide si te quiere dar un beso. Si te vas a poner a llorar por eso tienes mucho que madurar.

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Tienes un regalito de verdad? Porque si no lo tienes, no le digas que le vas a dar un regalo para que vaya donde tú quieres.

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Cómo que va a venir el coco? Eso no sólo es una mentira, eso roza el maltrato psicológico. No quiero que mi hija se vaya a dormir con miedo. Su casa es su templo. Y su cama su oasis de paz. No te inventes monstruos para extorsionarla.

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Cómo que no es nada? Se ha caído, se ha asustado, se ha hecho daño. Caerse, asustarse, hacerse daño es algo. Si le repites sin parar que no ha pasado nada, ¿cómo va a entender lo que está sintiendo? ¿Cómo va a aprender a gestionar sus emociones? ¿Cómo va a entender la causa y la consecuencia de sus acciones si se las niegas?

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Es la mesa mala? ¡La mesa no ha hecho nada! Ha sido ella que no iba mirando por donde iba y se ha dado con la mesa. Y para colmo le dices que pegue a la mesa por mala. ¡Alucinante! Aunque ahora que lo pienso, estoy harta de ver adultos dando golpes a cosas por sus propias negligencias, ¿será casualidad?

Perdona, pero no mientas a mi hija. ¿Qué probabilidades hay de que sea la niña más lista y más guapa del mundo entero? A veces, la diferencia entre una verdad y una mentira es muy sutil. No hace falta ser la niña más lista del mundo para darse cuenta de que si exageras en eso, probablemente, también exagerarás en otras cosas. Pero, ¿cómo saber cuándo dices la verdad y cuándo la mentira? Quizás lo más fácil sea no confiar en ti.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Dile que la inyección le va a doler, pero que es importante para prevenir que se enferme en el futuro. Respétala. Espera a que esté preparada. Dile que lo hacemos por su bien.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Pregúntale si puedes darle un beso. Pídele un beso si realmente así lo sientes. Acepta que es su decisión. Si ahora no quiere dártelo, quizás te lo dé otro día. No pasa nada.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Dile que te gustaría que vaya allí contigo. Y acepta si en este momento no quiere ir allí. Si es algo importante, explícale por qué es necesario que vaya. Lo entenderá.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Ha de seguir la rutina de irse a la cama porque es más fácil y más saludable tener buenos hábitos. Ha de irse a dormir para poder descansar y reponer fuerzas. Si un día no tiene sueño, podemos ser flexibles con la rutina. Todos tenemos días en los que necesitamos algo especial.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Explícale que ha perdido el equilibrio y se ha caído. Verbalízale lo que ha pasado, los adultos somos su espejo del mundo.  Cuéntale que eso debe de haberle hecho daño. Dile que lo que siente es dolor, y que aunque ahora lo esté pasando mal, se le terminará pasando. Cuéntale que tú también te has caído otras veces y que entiendes su dolor, su miedo, su enfado y su frustración.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Explícale que se ha dado con la mesa por no ir mirando por dónde iba. Dile que es importante tener cuidado cuando andamos y saber por dónde pasamos. Cuéntale la importancia de asumir la responsabilidad de nuestros actos. Si no aprendemos de nuestros errores estamos condenados a repetirlos.

Por favor, dile la verdad a mi hija. Dile que es una niña inteligente. Si es verdad, dile que no conoces a nadie que se esfuerce tanto como ella. Que su imaginación te sorprende cada día más. Que es la persona más importante de tu vida. La mejor manera de demostrarle que la quieres es diciéndole la verdad.

 

I just sued the school system

Per acabar aquest trimestre us volem presentar un jove de Missouri que es coneix amb el nom de Prince EA i s’autodefineix com a poet, filmmaker and speaker.

prince ea

Últimament s’ha fet famós pels vídeos que penja a les xarxes, amb una gran qualitat productiva, d’imatge i de missatge. D’entre tots ells, us en destaquem el que ha fet sobre el Sistema Educatiu del seu país, perfectament aplicable al nostre. Si us interessa però, podeu trobar-ne de molts altres!

Pàgina web: www.princeea.com